Fueron muchos kilómetros andando monte a través, soportando la lluvia, por barrizales sin senderos, enredados en zarzas y casi arrastrándonos para salir de la espesura, cruzando arroyos caudalosos que bajaban bravíos, pero.... por fin obtuvimos la recompensa. Llegamos a este pequeño paraíso escondido en el corazón del bosque, donde el agua se precipita en una caída de mas de 70 metros y en el que el ser humano aun no dejado su impronta. Y así seguirá, en el olvido, libre de la presión humana.

Helecho epifito sobre el tronco de un quejigo antropizado.

Mycena sp.


Ombligo de Venus




Gymnopilus suberis


Rusco (Ruscus hypophyllum)















Y eso es todo lo que puedo mostrar y contar.